martes, 25 de diciembre de 2012

Los ogros somos como las cebollas




Los ogros tenemos conciencia: sabemos que somos tan terribles que preferimos mantenernos al margen para no fastidiar con nuestra ingrata presencia. Somos tan nauseabundamente desagradables que nos guardamos nuestra pestilencia para nosotros solos, en nuestro pantano, dándole al mundo un sano ejemplo de respeto por el espacio vital ajeno; así que sí le disgusta nuestro aroma, tápese la nariz y siga de largo.

Los ogros tenemos mal temperamento, es verdad, podemos con nuestra descomunal furia provocar devastación. Pero, pregunto, ¿sabe usted cuanto dura la furia de un ogro? Seguro que usted no sabe que, tras un breve respiro, la cordura regresa y podemos ser tan fríos y calculadores como usted, que se precia de humano. No nos moleste, no provoque nuestra ira y se evitará problemas y peligros.

Dicen que los ogros tenemos el corazón frío, y eso no es más que mierda. ¿no creen que un ogro puede en cruzada valiente ir hasta una torre y rescatar a una princesa? ¿no creen que, feos y nauseabundos, también podemos conmover un corazón de mujer y hacerla más feliz que un príncipe afeminado y cobarde? Poco nos conoce, carajo. Y somos sensibles, románticos y le damos al objeto de nuestros amores una muestra del cielo.. ¿egh?... ¿cielo un pantano con un monstruo pestilente?... si, para la que es capaz de atravesar nuestras capas.

Los ogros sabemos cuando nos equivocamos, porque siempre, aunque no se consiga nada, reconocemos con gallardía nuestros errores. Y sabemos cuando renunciar, incluso sabiendo que lo que estamos dejando atrás nos dejará un vacío enorme. ¿Cómo negarle a lo que uno ama la oportunidad de ser más feliz que estando junto a un ser despreciable y complejo como nosotros? No tenemos frío el corazón, nuestras feas caras parecen estar en modo neutral pero por dentro nos sentimos morir, y en esos casos siempre nos marchamos lejos.

Todo es cierto, Burro: los ogros tenemos capas.

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