lunes, 10 de diciembre de 2012

Última oportunidad

“…guardaba para un día de lluvia contar mis secretos, fatalidad repetida, pero nunca y siempre hoy se mezclan, todo está cerrado para mi maldita ventanilla…” (Los Suaves, Siempre con miedo)


Y un mal día, sin avisar como todas las tragedias, me abandonó y nunca regresó. De vez en cuando deja entrever por las hendijas de mi desentejada cabeza un pequeño haz de luz que me dice “aún habito aquí, encuentra el camino”. Incontables botellas de alcohol acompañadas de sequía, frases más procesadas por los intestinos que por la mente, prejuicios convertidos en saetas hirientes, golpes contundentes, uno que otro concepto brillante; palabras más, palabras menos, quizás es tiempo de darle una oportunidad a ese pequeño brillo de que abandone los confines oscuros de mi ausentismo.

Volví, como el último caballero a quien la victoria solo trajo infelicidad; más obligado por las circunstancias ingratas de la indecisión. Algunos creen que tal vez yo tenga talento para escribir, así que haciendo caso al “que dijeron”, me arriesgo nuevamente a exponer al escarnio mis torpezas. Voy a dejar que las mismas circunstancias que me impulsaron al alcohol sean las que hablen por mi, o que sean las mismas que me sugirieron a abandonarlo las que controlen mis dedos, que por fortuna, no alcanzan la velocidad de mis maldiciones.

Decidí no buscar más culpables, me declaro total y absolutamente artífice de lo que ocurrió y, de antemano, responsable por lo que ocurra después de que profiera un par de fatalidades. Ni modo, ya comencé, dejemos que fluya esto hasta que sea la hora. Adelante Yosi, pongámosle música al destino fatal:

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